Reformas electorales en materia de financiamiento y las consecuencias para el sistema de partidos
- 18 ago 2020
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¿El sistema electoral establecido tras las reformas electorales influyó en el cambio del sistema de partidos en México, cómo fue que influyó?
El desarrollo del sistema de partidos de uno hegemónico a uno plural se derivó por una serie de cambios en las reformas electorales que buscaban la existencia de un sistema electoral que permitiera pluralidad ideológica y expresión de diferentes opiniones en la arena política representada por otros partidos políticos. Basado en ello se llevó a cabo desde 1977 una serie de reformas que permitieron el aumento de las alternativas partidarias, donde por fin en 1988 sería visible la posibilidad de alternancia para que en el 2000 esto fuera realidad.
Esto parte de la premisa de que la competencia entre partidos ha sido posible gracias a factores institucionales proyectados en los cambios en las reformas electorales, lo que ha permitido el aumento progresivo de competitividad generando cambios en el propio sistema de partidos, lo que ha centrado la atención sobre todo en cambios con respecto a la regulación de la repartición del financiamiento a los partidos políticos para establecer una competencia equitativa.
Desarrollo de las reformas electorales y su relación con el sistema de partidos competitivo
El contexto del sistema de partidos en México ha pasado por un desarrollo constante en materia de legislación, una serie de reformas que buscaron mecanismos de ampliación de competencia equitativa. Los cambios pasaron de un sistema de partidos no competitivo que en términos de Sartori (1980) se cataloga como un sistema de partido hegemónico, pues si bien existían partidos de oposición, estos estaban subordinados y sin la existencia de una posibilidad real de alternancia, prácticamente solo funcionaban como una fachada (Sartori, 2002), a uno plural moderado, es decir, con “una tendencia hacia la concentración efectiva, a cargo de no más de tres partidos, ya que incluso los llamados partidos minoritarios regularmente optan por participar en coaliciones parciales o totales… con los partidos más fuertes”(Alarcón & Reyes del Campillo, 2016, p. 39).
Estos cambios en el sistema de partidos se pueden observar a partir de la reforma electoral de 1977, pues con ella se abre un parteaguas para las transformaciones en el ámbito electoral, en ella se busca incrementar los niveles de competencia con una integración mixta del Congreso y espacios para partidos de izquierda, donde además se le otorga a los partidos el reconocimiento como entidades de interés público dándoles derechos de acceso a medios, prerrogativas y financiamiento público.
La importancia de dicha apertura es que se hace con el objetivo de “garantizar los recursos suficientes para que la competencia electoral sea equitativa y con posibilidades reales para todos los partidos de conquistar el poder político a través del voto popular” (Bernal Moreno, 2006, p. 65) fue el principio de una gradual apertura que llevaría a un cambio en el sistema de partidos que fueron visibles con mayor escala en la reforma electoral de 1993, pues se pone hincapié en las finanzas partidarias como resolución a las denuncias del “partido de Estado” que eran comunes desde la conflictiva elección presidencial de 1988, pues en dichas denuncias se encontraban casos como transferencias de recursos o ayudas en especie lo cual generaba dudas sobre las aportaciones hacia el PRI sobre todo en campañas, lo que llevaba a un claro interés privado (Becerra et al., 2000, p. 286) pero esta desigualdad en la distribución del financiamiento también afectaba otros ámbitos como el espacio de los partidos en los medios dejando de lado espacios para la pluralidad de ideas y la falta de representación de necesidades sociales.
Para entonces no era extraño que PRI contaba con mayor espacio y mayor cantidad de recursos, esto fue una alerta y permitió estipular gastos de campaña y mecanismos de vigilancia del uso y recepción del financiamiento. A modo de solución, la reforma de 1996 formula un porcentaje de aumento en el financiamiento del 2% a los partidos con registro nacional y se repartieron bajo el criterio de 70-30, a su vez quedó integrado en tres rubros: actividades ordinarias permanentes, actividades específicas y gastos de campaña.
Es la primera vez que se discute a fondo los criterios de competencia electoral y los recursos acrecientan 600% en relación con los tres años anteriores, es decir, a la cantidad de 2 mill 111 millones 493 mil 862 pesos, correspondió al sostenimiento de actividades ordinarias permanentes, campañas y actividades específicas, esto aseguró una competencia que “se desplegó sobre unas condiciones inciertas, es decir, sobre una base material, sobre una infraestructura electoral que multiplicó la capacidad competitiva de todos los partidos” (Becerra et al., 2000).
Justamente a partir de 1996, las reformas indujeron fragmentación interna del partido principal, PRI y la creación de uno nuevo, el PRD. Estas trasformaciones del sistema electoral, permitió la visibilidad de una competencia electoral más equitativa, libre y con mayor pluralismo (Reveles, 2014). Fue visible que las regulación adecuada y respetada de los recursos estaba anclado al desequilibrio entre contendientes, lo que generaba más disyuntivas que cooperación, de hecho:
La legalidad y la transparencia en el uso de los recursos de los partidos políticos es un asunto de fundamental importancia en el proceso de democratización de la vida política nacional. Si el financiamiento no se apega a Derecho o es inequitativo, se corre el riesgo de dar paso a serias distorsiones en el sistema político en su conjunto. (Mirón, 1997, p. 104)
Las elecciones del 2000 parecían asegurar que el sistema electoral era limpio, libre y legítimo, pues fue posible una transición gracias a que la presidencia estaba a cargo de un partido de oposición, el PAN. El sistema partidario ya estaba transformado y en términos de competencia existían tres grandes partidos (PRI, PAN, PRD) y otros satélites. Otra reforma electoral fue posible en 2014, determinada por la representación del 2 a 3 por ciento para los partidos políticos en cuanto a la obtención del registro oficial y adquirir recursos del erario público.
Pero para vislumbrar la influencia de las reformas como mecanismo de apertura en la equidad de la competencia política entre partidos con el objetivo de generar incertidumbre en los resultados y confianza en los actores que participan, primero hay que comprender que es la competitividad y si esta difiere de la competencia.
Competencia y competitividad partidista
Cuando hablamos de competencia, basada en la definición de Sartori (2002), es decir, como una estructura, las reglas del juego; mientras que competitividad es uno de los atributos de la competencia, es decir, un estado concreto del juego. Se habla de un esquema de competencia competitiva cuando hay dos o más partidos y consiguen resultados cercanos y ganan por escasos márgenes, es decir, se necesitan de los resultados finales de las elecciones para medir si estas reglas de competencia funcionan.
De esta manera se entiende que las reglas son establecidas por medio de las leyes, las reformas marcaron las pautas de la competencia, mientras que la competitividad es medible gracias al grado de energía con la que luchan las dos primeras fuerzas políticas durante elecciones, es decir, el nivel de disputa entre candidatos y/o partidos, es decir, cuando existe la posibilidad de que “dos o más contendientes resulten vencedores en una elección, se dice que estamos ante unos comicios fuertemente competidos” (Reyes del Campillo, 2016, p. 289). A esta variable se le ha llamado margen de victoria (MV) (Vivero Ávila & Díaz Jiménez, 2014).

Como se puede observar en el Gráfico 1, durante el periodo del partido hegemónico, el PRI como primera fuerza electoral, su margen de victoria es muy alto, mayor al 50% de diferencia con otros partidos que en este caso la segunda fuerza era presentada por el PAN. Cabe subrayar que tan sólo en el periodo 1979-1988, se logra romper el sistema de partido hegemónico y comenzar el camino hacia la competitividad electoral creciente que se consolida en 1994 y 1997 (Méndez de Hoyos, 2003, p. 154), claro, también tomando en cuenta los cambios en las reformas, resalta sobre todo el periodo después de 1977 a 1997, donde se lleva a cabo la reforma establecida en 1996 en materia de fiscalización y financiamiento, es donde se muestra un cambio .
Esta transformación se refirma con la elección del 2000 haciendo posible una transición dejando de lado la fuerza electoral del PRI, pues “la alternancia en el poder fue vista como el punto crítico al que llevaría el proceso de aumento de la competitividad electoral” (Reynoso, 2011, p. 9). A partir de ese año hacia el 2012 el MV se mantiene estable, con cambios que fluctúan entre 6% y 9%, lo que establece que el sistema de partidos se ha vuelto competitivo y plural, donde la posibilidad de victoria se encuentra en un estado de incertidumbre por la basta competitividad.
El financiamiento de los partidos, desde la reforma de 1996 ha ido en aumento, constante, desde esta perspectiva se puede observar que las reformas electorales como variable explicativa, prueba que la variación en la competitividad electorales explicada son por factores institucionales como las reformas en materia electoral.
Las reformas electorales incentivaron el aumento de la competitividad al nivelar el campo de juego electoral, es decir, los mecanismos de competencia o en términos de Sartori (1980) “las reglas del juego”, lo que también han contribuido a disminuir las ventajas de recursos del partido dominante estableciendo organismos públicos autónomos de administración y supervisión electoral que limitaron el uso de recursos públicos para fines partidistas, y también proporcionaron a los partidos de oposición importantes recursos para competir. En ello radica la importancia del financiamiento, en que al mayor parte de este se concentra en términos de campañas, es decir, el espacio de los partidos en medios de comunicación, pues de ello depende en gran medida la penetración de los partidos en la sociedad y su viable triunfo en la contienda electoral, por la posibilidad de la incertidumbre en los resultados finales de votación.
Claramente los cambios en las reformas electorales en materia de financiamiento permiten iniciar la pesquisa de los factores explicativos del aumento y cambios en la competitividad, sin embargo también se deben de tomar en cuenta factores contextuales, el numero de partidos que participan en la contienda, el comportamiento del elector o que por ejemplo, como mencionan otras publicaciones (Valdés & Huerta, 2018), que existe la posibilidad de que el aumento en el presupuesto en realidad sea un resultado de dicho aumento de la competitividad causado por el aumento de la pluralidad política dado el aumento de representación, la aparición de nuevos partido o la legislación en donde se permiten contiendas con candidatos independientes.
Fuentes
Alarcón, V., & Reyes del Campillo, J. (2016). Los sistemas de partidos en América Latina 1978-2015. Tomo 1. In F. Freidenberg, INE, UNAM, & GIPSAL/ALACIP (Eds.), Rev (p. 496).
Becerra, R., Salazar, P., & Woldenberg, J. (2000). La mecanica del cambio político en México. Elecciones, partidos, y reformas (cal y arena (ed.)).
Bernal Moreno, J. K. (2006). El Financiamiento De Los Partidos Políticos En El Derecho Comparado. Alternativas Para México. 57–81. http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/4/1968/6.pdf
Méndez de Hoyos, I. (2003). Competencia y competitividad electoral en México, 1977-199. Política y Gobierno, X(1), 139–182. http://www.politicaygobierno.cide.edu/index.php/pyg/article/view/348/257
Mirón, R. (1997). Competencia electoral : recursos y equidad. Estudios Políticos, 16, 91–106.
Reveles, F. (2014, July). Sistema electoral mexicano: evolución, situación actual y perspectivas. Rec et Ratio, Centro de Estudios Políticos de La UNAM, 9. http://contraloriadelpoderlegislativo.gob.mx/Revista_Rc_et_Ratio/Rc_et_Ratio_9/Rc9_3_Francisco_Reveles_Vazquez.pdf
Reyes del Campillo, J. (2016). Transición y pluripartidismo en México. 285–292.
Reynoso, D. (2011). Aprendiendo a competir: Alianzas electorales y margen de victoria en los estados mexicanos, 1988-2006. Política y Gobierno, 18(1), 3–38. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-20372011000100001
Valdés, A., & Huerta, D. (2018). El financiamiento de los partidos políticos y la confianza ciudadana en México. Intersticios Sociales, 15, 309–331. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2007-49642018000100309&lng=es&nrm=iso
Vivero Ávila, I., & Díaz Jiménez, O. (2014). Political parties, electoral and ideological competition in Mexico. Espacios Públicos, 17(41), 9–29.



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