Pensamientos sobre el covid y la libertad desde Byung-Chul Han
- 3 abr 2020
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Actualizado: 17 ene 2023
En momentos de emergencia, en este caso, mundial, como lo es la epidemia por coronavirus permite que sobresalgan necesidades urgentes en tanto a la revaloración del sujeto en un estado contrario al que está normalmente acostumbrado. El confinamiento desde el punto de vista de la biopolítica, deviene como una herramienta de protección del bienestar del ciudadano, una clara y observable limitación del accionar de las vidas cotidianas, una restricción de la libertad, esto permite preguntarnos ¿De verdad el confinamiento nos quita libertad o sólo la limita?, ¿por qué el Estado debe de intervenir en ello?, ¿por qué hacemos caso a esa imposición?
Explícitamente se somete al sujeto a prohibiciones y a un código normativo, no salir de casa, y por lo tanto representa un poder disciplinario, la reclusión. La obligación de ello no es violento, no hay aparentemente un aparato que castigue y lastime a quien decida salir (como las fuerzas policiacas que si se presentan en España), deviene de un control interno, de una decisión propia, así funciona la inteligencia del poder neoliberal. Pero este aparente autocontrol es construido y se puede observar en varias acciones.
El continuar con supuesta normalidad de forma libre lleva consigo varias características: la expresión del poder neoliberal, es decir, una clara autoexplotación (sobre todo en el aspecto laboral y escolar que son espacios de control y vigilancia) posible gracias a la ilimitada comunicación que sin embargo son el panóptico digital; el poder disciplinario en tanto el control total sobre la vida, es decir control sobre las tasas de mortalidad proveniente del nivel de salud, algo claramente biopolítico.
Sin embargo, ya que la producción laboral y educativa proviene directamente del cuerpo, nace otra forma de producción explotada por el poder neoliberal, la psique. La preocupación actual es la producción de bienes inmateriales e incorpóreos. Su explotación reside en la necesidad interna de compartir información, pero esa decisión propia de hacerlo expresa una crisis de la libertad, cada uno dicta si es necesario o no hacerlo, ahora se busca la optimización personal que está estrechamente ligada con el correcto funcionamiento del sistema, se busca la positividad y opera con estímulos positivos e inmediatos. Su visibilidad es posible en las redes socio-digitales, bombardeo de información sobre la pandemia y la banalidad y el ocio en su máxima expresión, la consecuencia del aumento del tiempo libre es el aumento de la producción, del capital humano.
Al comenzar la crisis de la epidemia en medios se presentó como un escándalo donde el espectador se muestra pasivo, no duda, solo reacciona y consume. La información provenía de datos estadísticos, de un Big Data se presenta como la verdad del contexto, un reflejo cuantificable del problema, un estado de las cosas. Se exigen esos números y mediciones claras y específicas como muestras de la verdad y de control predictivo. Como herramienta del biopoder los datos demográficos declararon que para evitar el aumento de esos números que afectan el bienestar común son necesarias ciertas normas, y para su presentación en medios se basan en el escándalo, "la coyuntura presente de la emoción está condicionada por el nuevo modo de producción inmaterial, en el que la interacción comunicativa gana continuamente importancia". (Han, pág, 39)
La presentación de estadísticas parece que da la imagen de control y de completo conocimiento de la verdad y del futuro, predispone el para qué evitar ciertas acciones pero se limita en ello, parece que es una amplia visibilización de lo que sucede, una verdad absoluta, no obstante si se podría hacer uso de ello para predecir una crisis, porqué no se previó en otros países o el aumento del número de casos, al parecer se pensó en la generalización y no en las anormalidades y se enclaustra en la conformidad.
El aumento repentino de casos es un acontecimiento, entendido como la expresión de algo que faltaba en el estado anterior, se volvió una emergencia que plasmó la importancia del control y el mantenimiento de algunos elementos constitutivos del Estado, sobre todo la falta de ellos, como lo es el caso de la salud, producción y el sistema laboral así como el educativo. Se presentó la caída del dominio y como claro ejemplo es que esta emergencia sanitaria presentó un aumento de casos en países primermundistas, como lo es China y Estados Unidos como si fuera una prueba de supervivencia.
En el caso de Norteamérica el presidente Donald Trump desestimó la información de la Organización Mundial de la Salud sobre que el país sería el epicentro de la epidemia, los analistas haciendo uso de los Big Data predijeron que ello haría un impacto económico en el futuro, pareciera que hacer caso omiso era una forma de ser quien diera el conocimiento verdadero, pero se presentó como el idiota moderno, un desinformado y desligado del consenso. Por otra parte, quien parece inteligente es porque hace lo contrario, funciona a favor del sistema, escucha y repite, no se queja u opina, acata lo que es "correcto" y "necesario", por ende, su libertad se limita.
Referencia: Han, Byung-Chul (2014): Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder, Barcelona, Herder Editorial, 127 pp.



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